Desde 1988, antes incluso de que la Feria se trasladara a El Arenal, la Caseta de la Solidaridad de ASPA propone otro modo de hacer Feria en Córdoba: gestionada por voluntariado, con cocina vegana y cordobesa a partes iguales, música del mundo y una idea política clara. Los beneficios financian proyectos de cooperación en América Latina y África, y dan a ASPA —entidad miembro de Córdoba Solidaria— margen para trabajar con autonomía.

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Para entender la Caseta de la Solidaridad hay que retroceder a 1988, cuando la Feria de Córdoba todavía se montaba en el Paseo de la Victoria. La Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA) llevaba poco tiempo de andadura y decidió que la Feria también podía ser un espacio de trabajo político. Seis años después, en 1994, cuando la Feria se trasladó al recinto de El Arenal, ASPA fue de las primeras entidades en hacer las maletas con ella. Casi cuatro décadas después, la caseta sigue ahí: en la Calle Judería, 5 del Real.
La Caseta de ASPA es una caseta de Feria normal en muchas cosas: barra, tortilla, música, gente reunida hasta tarde. Lo que la distingue es lo que ocurre cuando se cierra cada noche y lo que ocurre el resto del año. Los beneficios se destinan íntegramente a financiar proyectos de cooperación al desarrollo en América Latina y África, además de campañas de educación para la solidaridad en Andalucía. Es decir, lo que se bebe en Feria sostiene escuelas, formaciones y trabajo en red durante los doce meses siguientes.
Pero hay algo más en lo que merece la pena detenerse. La propia asociación lo explica así en su web: la caseta les permite mantener autonomía económica y política, y trabajar más allá de las subvenciones públicas. Esto, que puede parecer un detalle de gestión, es en realidad la clave política de todo el proyecto. Una entidad que depende solo de las administraciones acaba teniendo que medir lo que dice. Una entidad que tiene fuentes propias, no tanto. La Feria, en ese sentido, es lo que les da margen el resto del año.
Algunos detalles que pintan a la caseta. Fueron pioneros en introducir opciones veganas, vegetarianas y para celíacos en una Feria donde durante años eso parecía ciencia ficción. La cocina mezcla los platos típicos de aquí con sabores latinoamericanos —no por exotismo, sino porque parte del trabajo de ASPA está en esos territorios y la cocina es un puente más. La programación musical es alternativa por convicción: ritmos del mundo, reggae, rock y ska. Y la caseta entera la levanta y la sostiene un grupo de personas voluntarias que se apuntan cada año para hacer turnos en la barra, en cocina o en montaje.
Esa idea de fondo —una Feria que cuida, que incluye, que se piensa— camina en paralelo a otras novedades de la edición 2026 que conviene celebrar. Por primera vez, El Arenal cuenta con un punto arcoíris, ubicado en la caseta de Cruz Roja, para atender denuncias por agresiones homófobas y delitos de odio por identidad u orientación sexual. Se suma a los 36 puntos violeta repartidos por el recinto como espacios seguros frente a las agresiones sexistas. Señales de que la Feria también puede ser un lugar donde quepa todo el mundo.
Para quien quiera acercarse estos días, la Caseta de ASPA está en la Calle Judería, 5 del Recinto Ferial El Arenal. Para quien quiera echar una mano —ASPA mantiene abierta la convocatoria de voluntariado durante la Feria—, el contacto está en su página web. Y para quien busque entender por qué Córdoba Solidaria habla siempre de «otra forma de hacer ciudad», quizá no haga falta más que pasarse una noche por la Caseta 2.05 y ver cómo se sostiene, desde hace casi cuarenta años, una manera distinta de estar en la Feria.

Muchas suerte, ánimo y otra manera de vivir la Feria es posible.
A por otros cuarenta años y muchos más.