Artículo de la Coordinadora Estatal de ONGds
Investigadoras de la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona desgranan su proyecto “Heridas de guerra”. Una serie de podcasts que abordan los conflictos y la paz desde los enfoques feministas
“Es posible, es necesario y es urgente contar con relatos en defensa de la paz. Es clave rescatar la idea de que la paz es un proyecto político que se debe construir desde los feminismos, y esto implica entender cómo el patriarcado, las desigualdades, el militarismo y los discursos bélicos interaccionan y se retroalimentan”
En un contexto mundial en el que los discursos belicistas campan a sus anchas, y en el que se defiende el incremento del gasto militar como inevitable, existen proyectos que defienden enfoques alternativos que cuestionen la visión simplista de los conflictos armados. Uno de esos proyectos es “Heridas de guerra”, una serie de podcasts realizado por la Escola de Cultura de Pau, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración con Carne Cruda. “Nos parecía relevante poner de manifiesto la complejidad de las vivencias de las mujeres en las guerras y cómo las construcciones sociales de la masculinidad y la feminidad atraviesan esas guerras”, afirman desde la Escola.
En 2025, se cumplen 25 años de la aprobación de la resolución 1325 de Naciones Unidas. Una resolución que reconoce los impactos diferenciados de las guerras para hombres y mujeres; y demanda que las mujeres participen de manera sustantiva tanto en la prevención de los conflictos como en los procesos de paz.
Desde hace años, la Escola de Cultura de Pau de la UAB viene incorporando la mirada feminista en el análisis de paz y conflictos. Recientemente, decidieron unir este enfoque a un formato comunicativo muy eficaz: los podcasts. Conversamos con las investigadoras María Villellas, Ana Villellas y Pamela Urrutia quienes explican qué fue lo que las llevó a tomar esta decisión: “partíamos de tres ideas: primero, visibilizar los vínculos entre militarización y patriarcado; segundo, profundizar en los impactos de género de los conflictos armados; y, tercero, destacar las redes e iniciativas feministas que han promovido la participación activa de las mujeres en la construcción de la paz”.
¿Qué os llevó a proponer este podcast? ¿Qué camino recorristeis hasta realizarlo?
Como centro de investigación para la paz, nuestra vocación siempre ha sido la transformación social; es decir, generar conocimiento para cambiar la realidad. Eso nos ha llevado a explorar formatos que nos acerquen a la ciudadanía. Queremos que el trabajo de análisis feminista de los conflictos armados y los procesos de paz llegue a personas que no necesariamente están en contacto con el entorno universitario. El formato podcast nos parecía muy potente para transmitir mensajes críticos, con una gran capacidad para trasladar información y análisis. Fue así que nos acercamos con la propuesta a Carne Cruda, un medio que nos parecía idóneo por su experiencia en este ámbito y su trayectoria de periodismo comprometido. Tras la aprobación del proyecto por el Instituto de las Mujeres nos pusimos a la tarea y Carne Cruda tuvo la genial idea de sumar a esta iniciativa a la periodista Olga Rodríguez, que aporta no solo su extraordinaria voz en la narración, sino también su mirada y conocimiento de primera mano de múltiples contextos. Ella y todas las personas entrevistadas por Carne Cruda para la realización de los podcasts aportan vivencias y análisis fundamentales para la audioserie.
Es fundamental que los discursos feministas sobre la violencia, el armamentismo y la paz ocupen un espacio central en el debate público.
El primer capítulo de la serie, llamado “Nadie hablará de nosotras” pone el foco en el relato, en las formas de contar las guerras y las violencias. En un contexto mundial en el que el belicismo y el relato patriarcal lo inundan todo, ¿es posible construir otros relatos que influyan en la percepción de la realidad desde otros enfoques?
Es posible, es necesario y es urgente. En el contexto actual es esencial que los discursos críticos, los discursos de paz permeen y lleguen a la ciudadanía. Es urgente que se multipliquen las voces que alertan sobre el incremento en el número y la intensidad de los conflictos armados -y sus gravísimas consecuencias en las personas-. Necesitamos ampliar las voces que cuestionan los exorbitantes gastos militares -a un nivel sin precedentes-; las que denuncian los intentos por normalizar las guerras y presentarlas como inevitables. Es fundamental que los discursos feministas sobre la violencia, el armamentismo y la paz ocupen un espacio central en el debate público. Es clave rescatar la idea de que la paz es un proyecto político que se debe construir desde los feminismos, y esto implica entender cómo el patriarcado, las desigualdades, el militarismo y los discursos bélicos interaccionan y se retroalimentan. Otra de las cuestiones que nos preocupan, en este texto, es el lenguaje y las narrativas: debemos mostrar el enorme contraste entre las personas a las que más se escucha de manera estrepitosa y aquellas que quedan en los márgenes y que, curiosamente son las que trabajan por la paz y sostienen la vida en tiempos de guerra y destrucción.
El patriarcado y el militarismo se refuerzan y acentúan roles de género estereotipados y refuerzan identidades hipermasculinas.
Hay una frase muy conocida que dice que la paz no es solo la ausencia de guerra. Cuántas violencias afectan de manera específica a las mujeres antes, durante y después de lo que tradicionalmente llamamos “guerra”. Cómo debemos nombrarlas.
Lo primero que hay que recordar es que las experiencias de la guerra que tienen las mujeres y sus relaciones con ellas son extremadamente diversas. Algunas tratan de prevenirlas, otras las apoyan, algunas están involucradas en ejércitos o grupos armados, otras son desplazadas, asesinadas, torturadas, violadas. Las mujeres no son un grupo homogéneo y experimentan los conflictos de maneras diversas y es necesario incorporar miradas interseccionales que se hagan cargo de esta complejidad. Dicho esto, es importante insistir en que las guerras están atravesadas por las relaciones de género que condicionan sus experiencias y la manera en que viven los impactos de la violencia. Como ha subrayado Carol Cohn y otras muchas académicas feministas, la violencia de la guerra se suma a otras violencias, opresiones y discriminaciones de género que exponen a las mujeres a mayores riesgos de padecer violaciones de los derechos humanos. Las desigualdades de género se multiplican en contextos de conflicto armado. El patriarcado y el militarismo se refuerzan y acentúan roles de género estereotipados y refuerzan identidades hipermasculinas. Según nuestro análisis de los conflictos armados actuales, la mayor parte se produce en países con niveles bajos de igualdad de género y en los que se había documentado la aplicación de leyes o políticas que criminalizan a la población LGTBIQ+. Grandes exportadores de armas, incluyendo EEUU y otros países occidentales, siguen agravando la situación de militarización global y, con ello, los impactos de género de la conflictividad armada.
Las investigadoras ahondan en un término desarrollado desde el feminismo: “continuum de violencias” para constatar que la frontera entre la guerra y la paz puede ser difusa cuando se asume la perspectiva de las mujeres. Muchas veces la violencia de género contra las mujeres se incrementa, por ejemplo, cuando los hombres combatientes retornan a sus lugares de origen tras la firma de acuerdos de paz. Entonces, la violencia de la guerra aparece como una continuación o exacerbación de las violencias que experimentan las mujeres de manera cotidiana y también a niños, niñas, personas con identidades diversas…
La comunidad internacional se ha dotado de legislaciones y convenios internacionales para garantizar los derechos de las mujeres. Dónde queda esa legislación en un contexto como el actual en el que el multilateralismo y los derechos humanos se dinamitan de forma impune.
Efectivamente, el empuje y activismo feminista ha llevado a que, en las últimas décadas, se hayan establecido marcos normativos relevantes. Este año se celebran 30 años de la Plataforma de Beijing, que identificó el tema de “la mujer y los conflictos armados” como una de sus 12 esferas de especial preocupación. En 2025 se conmemoran también 25 años desde la puesta en marcha de la agenda mujeres, paz y seguridad, tras la aprobación de la resolución 1325, que subrayó los impactos diferenciados de los conflictos desde una perspectiva de género y la necesidad de que las mujeres participen de manera sustantiva en el abordaje de los conflictos, desde la prevención a los procesos de paz. Una agenda que, recordemos, fue impulsada por organizaciones de mujeres del Norte y Sur global que denunciaban la militarización, los impactos de género de las guerras y la exclusión de las mujeres de los procesos de decisión relacionados con los conflictos y la paz. Pese a las obligaciones y compromisos establecidos por esta agenda, en estos años de implementación se han hecho evidentes sus limitaciones, debido en gran medida a la falta de voluntad política y de recursos por parte de los Estados para su implementación real. En un informe reciente, identificamos algunos de los desafíos de esta agenda, vinculados a varias cuestiones: al escenario de creciente militarismo, a las consecuencias de la emergencia climática y de un modelo económico de capitalismo neoliberal extractivista, a la represión que afecta a numerosas defensoras de derechos humanos y otros grupos de la sociedad civil, y a la desatención de la prevención y el diálogo inclusivo como vías de abordaje de conflictos. En este diagnóstico también se señala la cooptación de la agenda por parte de gobiernos que han desviado su eje desde la construcción de paz hacia la incorporación de las mujeres en las fuerzas militares, sin poner suficiente atención a las causas estructurales de los conflictos armados ni a sus impactos específicos de género.
Como nos recuerda Angela Davis, debemos aferrarnos a la esperanza como disciplina.
En su proyecto, hacen referencia a experiencias que, en distintos lugares del mundo, han protagonizado las mujeres en defensa de la paz. Qué podemos aprender de ellas en este momento en el que vivimos el mayor número de conflictos tras la II Guerra Mundial; un contexto en el se exhibe un poder nocivo sin pudor ni límites. ¿Hay lugar para la esperanza?
Como nos recuerda Angela Davis, debemos aferrarnos a la esperanza como disciplina. Tenemos que mantener nuestra capacidad de indignación y seguir confiando en nuestro poder para organizarnos y transformar la realidad. Las experiencias de las mujeres implicadas en la construcción de paz y en el desafío a los mandatos de género en contextos muy adversos -como los que se exploran en el tercer capítulo de la serie- deben servirnos como fuente de aprendizaje e inspiración. Los retos que han enfrentado, la manera de sortear obstáculos y los logros conseguidos en contextos como Colombia, tras décadas de movilizaciones para exigir salidas negociadas, el fin de la violencia y el reconocimiento de derechos, nos obligan a reflexionar sobre lecciones útiles para el presente. En un presente de crisis y estructuras de opresión interconectadas, tejer y fortalecer redes es imprescindible.


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